Malqueridas: dependencia emocional y adicción al amor en las mujeres

Para explicar que es la Dependencia Emocional me gusta usar el cuento de la Bella Durmiente como metáfora. Una mujer “hechizada” y  dormida  bajo los efectos de un maleficio  y a la espera de que un príncipe (es decir un Otro) que la salve, que la rescate.

Y es que, bajo los efectos del Patrón de Dependencia Emocional, estamos como hechizadas, dormidas de nuestra vida. Giramos en torno a la idea de que es algún Otro/a el/la que nos completa, el/la que nos puede proporcionar la verdadera felicidad.

¿Qué es lo que nos ocurre cuando estamos bajo el “encantamiento” de la Dependencia Emocional?

  • Somos adictas a la aprobación de los demás: Nos dedicamos a ser complacientes, “buenas”, correctas (a nuestra costa)
  • Sentimos un miedo exagerado a que los demás no nos quieran: que nos rechacen, nos abandonen o se alejen.
  • Tenemos muchas dificultades en expresar lo que realmente pensamos y sentimos.
  • Estamos desconectadas de nuestras verdaderas necesidades y somos expertas en detectar y atender necesidades ajenas.
  • No sabemos poner límites en nuestras relaciones y terminamos haciendo cosas que realmente no queremos hacer.
  • Nos sentimos inferiores, incapaces, culpables, no merecedoras, poco valiosas.
  • En nuestras vidas existen muchas relaciones tóxicas que nos hacen más mal que bien, pero que no podemos gestionar por el gran miedo a quedarnos “solas”

Dependencia emocional: una cuestión de genero?

Y claro que los hombres también sufren Dependencia Emocional, sin embargo observo que este fenómeno se expresa mayormente en mujeres. Este se debe a que la cultura nos programa para ello:

a los hombres los programa para ser independientes, guerreros y protectores (territoriales). A las mujeres se nos programa para ser dependientes, cuidadoras y madres.

A las mujeres no se nos enseña a poner en primer lugar nuestras propias necesidades. Se nos enseña que primero son los demás, y que seremos queridas en la medida en que nos “sacrifiquemos”, seamos dadoras, generosas, maternales…

Aprendemos a negar nuestras necesidades, a negarnos, a ponernos al final de la cola, a olvidarnos de nosotras. Todo esto con la esperanza de que nuestros esfuerzos y “buenos” comportamientos serán recompensados con un buen “príncipe” o un final con asado de perdices.

Pero en el cuento de la vida real, no solemos despertar por el beso de un apuesto príncipe, sino más bien por algún tipo de sopapo existencial. Un gañán que nos engaña y que  nos hace trizas la autoestima, un trabajo que nos deja exhaustas, un hambre emocional y sensación de profunda carencia. Solemos despertar por un nivel de sufrimiento interno que termina estallándonos desde las tripas.

 

Si queremos cambiar nuestro cuento, es vital que empecemos a mirarnos dentro:

  • Darnos cuenta de qué cuento nos tragamos sin digerir
  • Que guión existencial estamos repitiendo a ciegas

Y sobre todo que comencemos a tomar acción. Tenemos que hacernos cargo de nuestras propias necesidades y deseos y que nos movamos por ello. En ese movimiento encontramos el auténtico amor hacia nosotras mismas. Y en ese mismo movimiento es donde nos encontramos el amor y encuentro genuino con los demás

Natalie Idoeta

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